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  • Natalie Manqui

Viviendo y Sobreviviendo

¡Qué difícil tiempo el que estamos viviendo! Personalmente, a pesar de estar disfrutando muchísimo la libertad que me ha entregado la cuarentena, me he dado cuento de lo fundamental que resulta dedicar una porción del día al trabajo personal consciente. Y enfatizo el consciente porque, a pesar de dedicar tiempo a las cosas que más amo (mi familia, la música, la cocina, la creatividad), me doy cuenta que cuando no estoy llena de actividades, siento una leve ansiedad. Es un pequeño susto que nace de muchas ideas que han dado vueltas con el pasar de los días. Es la parte que se conecta con el miedo del futuro, la incertidumbre de mi vida laboral y económica, el dolor de tantas personas alrededor del mundo que han perdido a alguien por este virus, entre otras cosas. El sólo hecho de ponerlo en las palabras en las que lo acabo de poner, me genera malestar.


¿Qué hago personalmente cuando me encuentro con esta parte de mí?


En primer lugar, no lo ignoro. Hay algo que me está diciendo mi cuerpo y mi mente que observe y resuelva. En mi caso personal, la forma de resolver es acallar mi mente a través de algún ejercicio de relajación o meditación. Me gusta sentarme en algún lugar silencioso de mi casa, cerrar los ojos, comenzar a respirar profundo, y permitir que la energía más hermosa que existe en este universo (el amor) inunda mi cuerpo, la cual luego envío a todas las esquinas del mundo. Me doy el tiempo de pensar en aquellas personas con las cuales tengo o he tenido conflictos y les envío amor, me conecto con ellos desde aquello que sé que ellos también sienten. Y simplemente escucho y siento el momento presente. Por ejemplo, en este momento escucho a mi hija hablando sola (le encanta y lo hace a menudo), hay un leve rumor a algún aparato electrónico en mi casa (que a veces escucho cuando estoy acostada en mi cama en la noche), escucho algunos pájaros a los lejos, algún perro, el crujir del piso, mi guacho inhalando profundo en el primer piso... Siento una leve brisa que entra por la ventana. Si miro a mi alrededor, veo el azul cálido del cielo despejado, los árboles, el verde maravilloso de la naturaleza, mis manos, este computador, mi cama, los libros sobre la maleta... De a poco, vuelvo a estar aquí, en este momento presente, y lo que en algún momento no percibía se vuelve a hacer vivo. Vuelvo a estar aquí, en el eterno presente, donde no existe absolutamente nada más que esto.


Te invito a volver una y otra vez a este momento, a realizar este ejercicio de respirar, oír, ver, sentir. Y así, que nos acompañemos en este momento hermoso, en este existir.



Pueden creer que al querer capturar el momento presente, me vino a visitar este colibrí?

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